001-Como en Grecia.

Ficha del viaje 001.
Ubicación geográfica. Provincia de Alicante. España.
Ubicación temporal. 01 al 04 de abril de 2026.
Viajeros. Soa, Lily, Jacky y Cesar.

Las ganas se amontonaban, como siempre, pulgares en las app y a buscar una nueva aventura con la que sentirse vivo. Del plan aragonés original, pasamos al valenciano, fijando como objetivo un pueblecillo de la Costa Blanca alicantina llamado Altea, también conocido como el "Santorini español" por su parecido con aquel paraje griego tan conocido.

Santorini es un sueño objetivo por alcanzar y a veces soñar a medias tampoco es malo, por lo que, haciendo caso a Jacky que la encontró entre páginas de viaje, compre boletos para nuestro primer trayecto del viaje.

Trayecto 1. Barcelona a Benidorm en bus (ALSA).

Surgió la oportunidad de hacerlo de noche, nuestro primer bus nocturno en España y creo que desde siempre, la idea era dormir en viaje y así ganar tiempo del día siguiente para recorrer, lo cual si bien salió en ganancia, costo mucho el descansar y poco realmente se durmió. Salimos de Barcelona a las 00:00 horas de la medianoche llegando primero a Valencia a las 04:45. Había otro bus que salía cerca de las 01:00, habría sido mejor tomarlo para evitar la espera de más de dos horas en el terminal para conectar con Benidorm, una de las dos más importantes ciudades alicantinas.

Comprados los boletos del segundo bus en la taquilla de información del terminal de buses de Valencia, nos dimos cuenta que habían buses desde Barcelona directo a Benidorm, solo que no son nocturnos por lo que habríamos perdido el atajar por sorpresa el paisaje temprano. Las butacas de este segundo eran un poco más cómodas, por lo que rápidamente cabeceé para dormir un poco, de pronto, Jacky, a mi lado, me despertó señalando al horizonte, un amanecer sobre la planicie marina del sur de Valencia mostraba un sol rojizo e intenso que nos daba la bienvenida a este rincón de España.


Amanecer al sur de Valencia, Comunidad Valenciana.

No habíamos considerado a Benidorm un destino demasiado importante en nuestro viaje, su fama de turismo de masas y guiris atestados de alcohol no nos pareció demasiado atractivo, pero habíamos salido de Valencia a las 07:00 y arribado a las 09:00, así que nos quedaba tiempo para conocer antes de hacer el check in del hotel en Altea. Salimos a caminar desde la estación de buses cruzando una desierta estación de tren ligero (TRAM), y luego, después de varias manzanas con el peso de las mochilas, hasta la playa, donde un lujo de arena fina muy parecida a cualquier playa venezolana nos hizo lamentarnos el haber ido a comienzo de primavera cuando el agua es aún intratablemente fría. 

Recorrimos la rambla frente al mar en dirección al casco histórico de la ciudad, había mucha gente para ser primavera lo cual nos hizo pensar como sería en verano. Comprados algunos souvenirs de rigor, llegamos al clásico entramado de calles estrechas que caracteriza las ciudades medievales españolas en el cual pudimos disfrutar de la Iglesia de San Jaime y Santa Ana, así como de un increíble mirador con vista al mar y a toda la línea de costa de la ciudad. Lo de increíble no es solo por ser poético, es que el dichoso mirador esta emplazado en un peñón rocoso con vistas panorámicas al Mediterráneo que de verdad te intimida, esta coronado por una rosa de los vientos en el suelo al final de una empinada escalera que baja hasta la orilla del mar; para perfección del ambiente, un solitario guitarrista tocaba flamenco rivalizando con el viento, no provocaba irse de allí. Benidorm había resultado mucho más que  desbocadas fiestas, nos ha parecido una ciudad con verdadera identidad y tradición.


Mirador de Benidorm

Trayecto 2. Benidorm a Altea en bus (Local).

Una vez disfrutados unos helados y una Alhambra verde en aquel soñado mirador, callejeamos cuesta abajo para intentar coger un bus local a Altea y así ahorrarnos tener que volver a la estación de TRAM que habíamos visto al llegar. No fue fácil hallar una parada del bus 10, pero, después de un par de vueltas pudimos hacernos con uno; iba lleno y se llenaría aún más, puede que por ser Semana Santa hubiera más gente, pero el público abordo parecía ser local, lo cual nos hizo pensar que existe una saturación del transporte público, también había mucho tráfico y buena parte de los casi 60 minutos que tardamos en llegar a Altea transcurrieron intentando salir de Benidorm, lo bueno de todo, ha sido el beneficio de coger un bus local para conocer, táctica que solemos hacer en muchos de nuestros viajes.

Al salir de Benidorm el bus entró al pueblo de El Albir para luego llegar a Altea sobre las 15:00 horas, donde ya nos esperaba nuestra habitación en el hostal Blue Sardine Hostal Boutique. La atención en general durante todo el viaje fue fantástica y este hostal no escapó de ello, el personal nos ha colmado de atenciones y las habitaciones muy bien cuidadas fueron bien valoradas en la app de Booking. Tras tomar un baño y descansar, salimos a comer algo y recorrer el pueblo de la "Grecia española", una paella de dudosa receta con exceso de tomate y el trauma que generó en Soa y Lily que no quisieron comer más paella, no impidió disfrutar lo que vendría después, callejear cuesta arriba en busca de la Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo.

El pueblo antiguo, con sus calles estrechas repletas de pasajes, escaleras y senderos los cuales todos conducen a lo más alto, como la chica del hostal nos había enseñado, y las paredes blancas como la sal, realmente asemejaban Altea con Santorini; una de las cosas que más paso por mi mente al recorrerlo, es observar que casi no habían hostales u hoteles dentro del casco histórico, por lo que la gran mayoría de las casas parecen estar habitadas por gente local, gente que, a envidiar, hace vida en semejante paraíso, aunque no así, como dice Jacky, cuando les tocará subir con las bolsas del mercado.

Una vez arriba mientras Jacky recibía su misa de Jueves Santo, nos sentamos Soa, Lily y yo a disfrutar del caer la tarde al calor de un cacao caliente, y también un poco más tarde de una buena copia de brandy. Bajando de nuevo a la playa, tomamos una crep y un helado mientras veíamos la luna casi llena y rosada caer sobre el Mediterráneo.


Luna rosa sobre el Mediterráneo en Altea

Trayecto 3. Altea a Denia en tren (TRAM).

Nos sentamos a planificar el resto del viaje, había que cambiar de hotel, definir el destino del día siguiente y la logística del regreso. Jacky, quería quedarse hasta el Domingo de Resurrección, pero el costo de los boletos en cualquier transporte se disparaban, por lo que optamos por programar Alicante y volver en avión la noche del Sábado de Gloria. El hostal para la segunda noche, llamado Moona, resultó tan acogedor como el primero, tan solo con algún detalle para cerrar la puerta del baño, y la atención, como siempre en este viaje, impecable; resultó que estaba justo al lado del anterior hostal y al ir a verlo nos topamos con él puerta con puerta, lo que nos hizo sacar una sonrisa. Una vez instalados, nos dirigimos ala estación de TRAM de Altea, la cual nos recibió con una pancarta que ponía "Paella a 5 €"; Jacky caminó directamente al bar a comprar, mientras, Soa y Lily decían al unísono que no querían más paella, habían quedado traumatizadas las pobres. 

El tren a Denia transcurre por las montañas frente al mar mostrando un paisaje semiárido y a la vez armónico entre pueblecillos y calas, trayecto en el cual bordeamos una enorme cantera de mineral probablemente de agregado para la construcción, así como curiosos puentes y túneles sucesivos que se adentraban  en la roca.

Denia, una pequeña ciudad en el norte y comienzo de la Costa Blanca, se notaba menos turística que lo visto anterior, no así menos su encanto, callejeamos por su rambla principal y subimos al castillo, una autentica fortaleza frente al mar la cual notamos un poco descuidada para el gran valor histórico que implica. Para coronar el paseo del día, tomamos un paseo en catamarán al atardecer que nos llevó cerca de la costa hasta un lugar llamado la Cova Tallada. Hacía mucho frío, la primavera no nos perdonó la audacia de adentrarnos en el mar, el viento agitaba con intensidad nuestras manos mientras intentábamos sujetar los móviles y hacer fotos, así también, rogábamos que el DJ atinara con buena música, lo cual, finalmente se cumplió terminando el paseo con Thinking Out Loud de Ed Sheeran. El paseo a Denia, acabó con una buena partida de Rummy con Lily en el tren de camino de regreso a Altea, y claro, yo he ganado, mientras, Soa, así como yo, escribía en su diario, aquel cuaderno lleno de aventuras.


Atardecer sobre Denia

Trayecto 4. Altea a Alicante en tren (TRAM).

Antes de irnos de Altea, decidimos subir una vez más a lo alto del casco histórico, desayunamos y tomamos bonitas fotos hacia el mar, tuvimos la fortuna de que todos esos días fueron completamente despejados. 


Mar Mediterráneo desde el casco histórico de Altea

Resultó que ya habíamos comprado el día anterior pasajes en bus de Benidorm a Alicante, pero una vez subidos al TRAM, y buscando aprovechar el día, decidimos seguir en tren una hora de camino; a ratos el tren se colmó de gente, muchos iban a Alicante a pasear o hacer diligencias, por fortuna íbamos sentados casi todo el tiempo desde Altea. El paisaje, se nos antojó más árido que antes, lo cual me hizo pensar en su probable similitud con la costa norte de África, semejanza de origen común fisiográficamente hablando. Pero lo árido no quita lo bonito, el suelo arenoso de cuando en cuando deja entrever alguna palma, o algún jardín bajo riego cultivado por un local entusiasta. 

El TRAM casi siempre superficial, es soterrado al llegar a las últimas dos estaciones en Alicante; nos bajamos en la última y salimos a callejear por la Av. del Doctor Gadea hasta llegar a la costa frente al puerto de la ciudad, tomamos un bus, el número 2, que atravesaba la ciudad de lado a lado, un tour improvisado que por un único precio nos mostró lo bonito y lo cotidiano de la ciudad. Tras visitar los sectores sur y norte de la ciudad, nos apeamos para dirigirnos a la Basílica de Santa María en pleno casco histórico.

A Jacky le sorprendió el dorado del ornato interior de la Basílica, con su tono intenso, un templo no muy grande pero que causa impresión; a un servidor, el enorme contraste de altura entre el casco antiguo y el Castillo de Santa Barbara que corona la ciudad, una posición defensiva realmente formidable en tiempos de guerra. Continuamos camino por la calle mayor de Alicante en dirección a la Concatedral San Nicolás de Bari y de allí a la playa del Postiguet para retratar el atardecer.

El viaje acabó con un recorrido de unos 40 minutos en bus hasta el aeropuerto de Alicante, el cual se nos antojó gigante para lo que esperábamos ver siendo una ciudad no tan grande. Un sándwich, alguna foto del recuerdo de sentirnos como en Grecia y de regreso a casa 1 hora y 10 minutos con Vueling, cuya tripulación nos dio una bienvenida abordo, la verdad, mucho más amable de lo habitual.

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